Ignacio "El Calavera" Ávila: de Zacatecas a las Chivas



Hablar de Ignacio "El Calavera" Ávila es evocar una época dorada del Club Deportivo Guadalajara, un tiempo donde el fútbol mexicano aún era amateur, pero la pasión ya se vivía con la misma intensidad que hoy. Este mediocampista ofensivo, nacido en Jerez de García Salinas, Zacatecas en 1910, su familia se mudó entre 1913 y 1915 a Guadalajara donde creció.

Con 15 años debuta en el equipo “Marte del Algodonal”, apenas duró un año en la liga amateur y a los 16 años se integra a las Chivas del Guadalajara. 

Un Apodo con Historia y Orgullo

Ignacio Ávila no solo fue un jugador destacado, sino también un hombre que encarnó el espíritu del fútbol de barrio. Su apodo, "El Calavera", surgió de su primer equipo amateur, los "Calaveras del Terror", un grupo de amigos que jugaban en las calles del barrio El Algodonal. Este sobrenombre, que podía sonar intimidante, se convirtió en un símbolo de identidad y mística futbolística cuando Ignacio brilló en las filas del Club Deportivo Guadalajara.



La Época Amateur y el Resurgir de las Chivas

En los años 20, el fútbol mexicano vivía su etapa amateur, y el Club Guadalajara enfrentaba una crisis que casi lo llevó a desaparecer. Sin embargo, con la llegada de jóvenes talentos como Ignacio Ávila, el equipo resurgió y comenzó a escribir una nueva página de éxito. Fue parte fundamental del tetracampeonato logrado entre 1921 y 1925, una hazaña que consolidó al Guadalajara como un gigante del fútbol jalisciense.

Ignacio "El Calavera" Ávila destacó no solo por su habilidad técnica y visión de juego, sino también por su liderazgo en el campo. Su presencia inspiraba a sus compañeros y llenaba de orgullo a los aficionados que veían en él a un representante digno del "Rebaño Sagrado".

Un Legado Más Allá de la Cancha

Aunque Ignacio dejó al Guadalajara para jugar en otros equipos como el Marte y el Necaxa —donde fue parte de los legendarios "11 Hermanos"— su paso por las Chivas marcó profundamente su carrera. En cada club donde jugó, llevó consigo los valores aprendidos en Guadalajara: fraternidad, unión y amor por el deporte.

En 1945, ya retirado como jugador, regresó al Club Deportivo Guadalajara como entrenador. Fue entonces cuando aportó sus conocimientos tácticos adquiridos durante su etapa en Necaxa. Incluso protagonizó una anécdota inolvidable: debido a la falta de jugadores disponibles para un partido contra Veracruz, Ignacio volvió a calzarse los botines para defender los colores rojiblancos una última vez.

Un Ícono Inmortal del Rebaño Sagrado

Ignacio "El Calavera" Ávila no solo fue un futbolista excepcional; también representó la esencia misma de lo que significa ser parte del Club Deportivo Guadalajara. Su historia nos recuerda que ser chiva es más que jugar al fútbol: es llevar con orgullo una tradición que une generaciones.

Hoy recordamos a Ignacio como una figura clave en la década de 1920, un periodo donde las Chivas comenzaron a forjar su identidad como el equipo del pueblo. Su legado vive en cada grito de gol y en cada corazón rojiblanco que late al ritmo del "Rebaño Sagrado". Porque ser chiva no es solo una elección; es un orgullo que trasciende el tiempo.

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